Biblioteca Popular José A. Guisasola

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El caso de la bella durmiente,
de Sol Silvestre


Ser oficial de justicia
en el mundo de las hadas
es la peor profesión
¡No se compara con nada!

Me avisan que la princesa
sufrió un pinchazo letal
¿La sospechosa? Una anciana,
que (¡astuta!) la puso a hilar.

Y claro, si las princesas
no saben qué es una aguja.
La educan como una inútil
¡Y la culpa es de la bruja!

Decime vos ¿por qué corro,
busco pruebas, investigo…?
¡Si todos duermen la siesta
y yo no encuentro un testigo!

Al final, yo preocupado
y acá, todos muy tranquilos:
hasta el rey, cuando pregunto
¡me responde con ronquidos!



Sol Silvestre


Visto y leído en:

Blog: Mi ventana al mundo, de Sol Silvestre

https://solsilvestre.wordpress.com/2015/09/28/1424/



Historias en Vueltas 3. Libro de lectura. Serie: Historias en Vueltas.
Autores: Melina Pogorelsky y Paula Galdeano. © Ediciones Santillana (Novedad 2016)

https://www.santillana.com.ar/historias-en-vueltas-3-libro-de-lectura/
https://issuu.com/santillana_argentina/docs/historias_en_vueltas_3-web/9



El príncipe vago,
de Sol Silvestre


La historia de Zarzarrosa
es a medias de verdad:
Es cierto que un hada mala
se había querido vengar
por no haber sido invitada
al bautizo colosal,
y entonces lanzó el hechizo:
“Hilando te morirás”.

Pero un hada, compasiva,
que venía por detrás
atenuara aquel destino:
“No morirá, dormirá”.

Cuando todos preguntaran
cómo iba a despertar
la buen hada contestara:
“Algún príncipe vendrá
a besar sus rojos labios
para verla despertar”.

Y hasta aquí llega la historia
fiel a la realidad
pues la otra parte que cuentan
son chismes, ¿eh? ¡nada más!
Ningún hada prometiera
“El sueño habrá de durar
cien años hasta que llegue
el que el destino querrá”.
Sucede, en cambio, que el joven
era un poquito holgazán:
no le gustaba agitarse,
mucho menos cabalgar
ni enfrentarse a mil peligros
que lo hicieran despeinar.

Esperó, entonces, cien años
¡por pura comodidad!
y derrotó la espesura
del bosque con un genial
helicóptero moderno
que lo dejó aterrizar
junto al grandioso palacio
dormido en la inmensidad
de un bosque ya resignado
a nada más que esperar.

No buscó los aposentos:
su lacayo fue a mirar
dónde la bella durmiente
reposaba sin chistar.
Después llamó al arquitecto
(tenía su celular)
y en ascensor con espejo
donde poderse mirar
subió el vago vanidoso
para por fin despertar
a la pobre Zarzarrosa
que no para de soñar
con un príncipe a caballo,
buen mozo, valiente, impar.

¡Pobrecita la princesa,
se tuvo que conformar
con un príncipe moderno
con celular,
y haragán!


© Sol Silvestre


Visto y leído en:

La manzana de Blancanieves y otros cuentos enrimados, de María Soledad Silvestre (Sol). Ilustraciones: Perica.
1a ed. - Buenos Aires: Gran Aldea Editores - GAE, 2011. 88 p.: il.; 20x14 cm. - (Pequeña Aldea / Michelle Kenigstein)

https://solsilvestre.wordpress.com/2018/01/11/libre-soy/



Blog: Mi ventana al mundo, de Sol Silvestre
https://solsilvestre.wordpress.com/2014/09/03/el-principe-vago/

"La bella durmiente y otros versos rimados" - Libro cargado por msolsilvestre2014 en Scribd
Enlace para descargar en formato PDF

https://es.scribd.com/document/368935149/La-manzana-de-Blancanieves-Sol-Silvestre


La bella que no duerme,
de Liliana Cinetto


La bella durmiente
no puede dormir.
Cierra los ojitos
y los vuelve a abrir.

¡Arroró, mi niña,
arroró, princesa…”,
le canta la reina
al ver que bosteza.

Y le cuenta un cuento
que escucha en piyama
la bella durmiente
sentada en la cama.

—Que cuente ovejitas
—ha ordenado el rey—
que empiece por una
y llegue hasta cien.

El hada madrina
que siempre la cuida
intenta con magia
dejarla dormida.

Pero no hay hechizo
que dé resultado.
la bella durmiente
hoy se ha desvelado.


©Liliana Cinetto


Poema del libro: "La bella que no duerme y otros poemas", Edelvives, 2011
Autora Liliana Cinetto / Ilustradora Luciana Feito /


Visto y leído en:

El carretel de lecturas 1. Libro del alumno. Edelvives Argentina



Published on Feb 4, 2014
Un carretel es algo muy simple: un hilo enrollado en un palito. El carretel deja una punta libre para tirar y desenroscar. Despacio, sin apuro, un poquito cada día; o para dar tirones y hacer saltar el carretel por los aires. Un carretel de lecturas, de palabras hiladas a lo largo de las páginas. Para dejar llevar. Para leer cuentos, poesías, historietas, obras de teatro, cartas…
¿Te animás a tirar de la punta del hilo? ¡Seguí el hilo de estas lecturas!

https://issuu.com/edelvives.arg/docs/103139_el_carretel_de_lecturas_1_li/29



Cuento» Otro cuento, de Sol Silvestre


¡Pero esos son cuentos de los hermanos Grimm, que como buenos escritores son un par de mentirosos! Mirá si vas a enamorarte así, a primera vista.

Primero tienen que pasar un montón de otras cosas. Darte cuenta, por ejemplo, de que esa persona es genial. Tener ganas de pasar mucho tiempo con ella. Y reírte a carcajadas y confiarle un secreto y hasta compartir un par de sueños. (¿Y si comemos perdices? ¿Y si el fin de semana nos vamos hasta Muy Muy Lejano?).

Y así, sin que te des cuenta, zas: ¡te enamoraste como un pavote! Y entonces sí te parece la más bella del reino. Y no te importaría que roncara ni que le caiga la baba mientras está durmiendo.

Pero al revés, no funciona. ¡No, señor! Si acepté ir a despertar a la bella durmiente es porque no sabía. Porque hasta entonces nunca jamás me había enamorado y ¿por qué iba a contradecir a mi padre, que insistía con eso de que esa perezosa era lo mejor para mí?

Si no me hubiera encontrado con Maléfica por el camino, quizá el cuento sería otro. Tal vez, el que esos escritores decidieron contar.

Pero lo cierto es que la encontré. Y nos hicimos amigos y nos reímos a carcajadas y nos contamos secretos y hasta planificamos viajar juntos y comer perdices por siempre jamás.

Para papá al principio fue muy duro, claro: Maléfica es un poco tenebrosa. Pero no le quedó otra que aceptarla.

Después de todo los villanos también se merecen ser felices, qué tanto.



FIN

Sol Silvestre






Ronda de PALABRAS 2 (Novedad 2019)
(LECTURAS + PRACTICAS DEL LENGUAJE)
Estación Mandioca Ediciones



LA BELLA QUE NO DUERME
DE LILIANA CINETTO

LA BELLA DURMIENTE
NO PUEDE DORMIR.
CIERRA LOS OJITOS
Y LOS VUELVE A ABRIR.

¡ARRORÓ, MI NIÑA,
ARRORÓ, PRINCESA…”,
LE CANTA LA REINA
AL VER QUE BOSTEZA.

Y LE CUENTA UN CUENTO
QUE ESCUCHA EN PIYAMA
LA BELLA DURMIENTE
SENTADA EN LA CAMA.

—QUE CUENTE OVEJITAS
—HA ORDENADO EL REY—
QUE EMPIECE POR UNA
Y LLEGUE HASTA CIEN.

EL HADA MADRINA
QUE SIEMPRE LA CUIDA
INTENTA CON MAGIA
DEJARLA DORMIDA.

PERO NO HAY HECHIZO
QUE DÉ RESULTADO.
LA BELLA DURMIENTE
HOY SE HA DESVELADO.


Ilustración de "La bella que no duerme y otros poemas", Edelvives, 2011
Autora Liliana Cinetto / Ilustradora Luciana Feito /

https://www.edelvives.com.ar/sl/Catalogo/p/la-bella-que-no-duerme
https://www.edelvives.com.ar/urlmanager/catalogo/7758/594/103061_GdL_La_bella_que_no_duerme.pdf

Caligrama» ¡Qué torpeza, princesa!
de Paola de Gaudio

¡QUÉ TORPEZA LA PRINCESA! TOCAR EL HUSO, PINCHARSE Y CAERSE PATITIESA. DORMIRSE COMO CIEN AÑOS HASTA QUE UN PRÍNCIPE LLEGA PARA ROMPER EL HECHIZO, ENAMORADO, LA BESA Y ELLA NO DICE NADA ¡SOLO SE DESPEREZA!


Visto y leído en:

Cuento»"Otro cuento", de Sol Silvestre, en Sol Silvestre, autora LIJ @solsilvestre2013
https://www.facebook.com/solsilvestre2013/posts/2210833389024729

Caligrama» "¡Qué torpeza, princesa!" de Paola de Gaudio, en el Blog: ¡Que lluevan los cuentos!
https://quelluevanloscuentos.wordpress.com/2016/02/29/que-torpeza-princesa-paola-de-gaudio/

Poesía» "La bella que no duerme", de Liliana Cinetto, en EL CARRETEL de lecturas 1. Libro del alumno, Edelvives Argentina - División especializada en textos escolares y recursos educativos de la Fundación Edelvives.
https://issuu.com/edelvives.arg/docs/103139_el_carretel_de_lecturas_1_li/29

Cuento» La bella durmiente (conectada), de Sol Silvestre


Había una vez un cuento que no dejaba de contarse. Se escuchaba en las casas familiares, en los palacios, en la aldea, en el mercado, en la montaña y en el mar. Y hasta cruzó continentes y atravesó los siglos para que yo pudiera contártelo hoy. De un modo un poco diferente, claro, porque los cuentos tienen que modernizarse. De otra forma los personajes se pondrían en huelga. Y lo que es más importante: tendrían razón. ¿O es justo que vos tengas un gps en el teléfono y el pobre Hansel tenga que marcar su recorrido con miguitas de pan?

En fin: el personaje de esta historia ya lo conocés bastante. El cuento te lo contaron mil veces y hasta seguro viste la película. Pero mi versión, te prometo, es un poco más novedosa. Es una versión 2.0, últimísima y moderna, casi tanto como vos. Y viene a reivindicar fundamente tres cosas. La primera, que Maléfica no es tan mala. La segunda, que el príncipe valiente no es tan valiente. Y la tercera, que la bella durmiente está menos dormida de lo que parece.

Pero vamos por partes. Para empezar, hay que aclarar que la pobre Maléfica no fue culpable de la maldición. Es así desde tiempos inmemoriales: la gente tiende a señalar a quien suele equivocarse más seguido, y rara vez se preocupa por averiguar la verdad. Si alguien lo hubiera hecho en este caso, el cuento conocido sería otro. Precisamente, el que te estoy contando acá:




Está claro que la bella durmiente no le dio bolilla a la cadena. En otras palabras: ella misma se echó la maldición. Pero no fue responsable del tiempo que duró el castigo. De eso hay que culparlo al príncipe valiente, que (según parece) no tenía mucho sentido de la orientación.




En resumidas cuentas, si no fuera por el hada Flora (que lo fue orientando con sus mensajes), el príncipe jamás hubiera llegado a destino. No le hubiera dado el beso que despertó a la bella durmiente de su largo sueño de cien años, ni se hubiera asustado al escucharla decir:

—Mañana mismo nos casamos.

Como no quiso romperle el corazón en ese momento, se lo rompió más tarde. Aunque también es probable que lo haya hecho porque era demasiado cobarde como para decir la verdad cara a cara.




¡Es increíble lo que pueden lastimar 140 caracteres! Tanto, que la pobre bella durmiente ya no pudo dejar el celular: era tan legítima su angustia, tan verdadera y profunda, que —antes de ponerse a llorar— lo publicó en la nube.




Por suerte, hay varias fórmulas mágicas para romper hechizos de amor. Y una muy efectiva, sin duda, son las buenas amigas. Esa misma noche Blacanieves, Elsa, Cenicienta, y Maléfica la pasaron a buscar. Y cenaron, a propósito, en un restaurant sin wifi para charlar como en los viejos tiempos (sin distracciones y mirándose a los ojos).

La selfie se la sacaron después, apenas pisaron la vereda. Fauna, Flora y Primavera —que justo volaban por ahí— oyeron cuando la bella durmiente decía muy clarito:

—¡Da gusto estar despierta!




FIN

© Sol Silvestre
Texto e imágenes en:
Blog Mi ventana al mundo, de Sol Silvestre
https://solsilvestre.wordpress.com/2017/04/01/la-bella-durmiente-conectada/

Visto y leído en:

Primaria > Primer Ciclo > Integrado > ALEJO mira de lejos 3 > Mandioca 2018
https://www.facebook.com/solsilvestre2013/posts/1529405537167521
http://www.estacionmandioca.com/books/alejo-mira-de-lejos-3-novedad-2018



“La bella durmiente (conectada)”, Billiken 5073, mayo de 2017.
https://librosdesolsilvestre.wordpress.com/
https://www.facebook.com/pg/solsilvestre2013/photos/?tab=album&album_id=1266127530161991




Cuento» El insomnio de la Bella Durmiente, de Rocío Sanz


La Bella Durmiente tenía insomnio.

¡Qué tragedia!

Tú recordarás el cuento de la Bella Durmiente: la maldición del hada mala y cómo la princesa se pincha el dedo con un huso de hilar y cae como muerta. Recordarás que interviene el hada buena y modifica el hechizo:

–La princesa no morirá. Dormirá por cien años y entonces vendrá un príncipe a despertarla.

También te acordarás que todo el palacio se duerme y crece un espeso bosque a su alrededor.

Todo había salido bien hasta ese momento. Dormían ya el rey y la reina, los perros y los canarios, las damas y los caballeros, los guardias y los lacayos. Dormían el fuego en la chimenea y el agua de la fuente, pero la protagonista del cuento, la mismísima Bella Durmiente, ¡tenía insomnio y no se podía dormir!

El hada madrina no sabía qué hacer. En todo aquel palacio dormido sólo velaba el aya anciana que había criado a la princesa y había venido a vigilar su sueño. ¡Pero no había tal sueño! La Bella Durmiente padecía insomnio.

El hada agitaba en vano su varita mágica: la princesa no se dormía. Se paseaba con el aya por los salones dormidos, pero no le llegaba el sueño.

–¡Esto no es posible! –se quejó la anciana, fatigada de caminar–. ¡La Bella Durmiente no puede pasar cien años despierta!

–¡Estaré hecha una ruina cuando aparezca el príncipe! –clamó la pobre princesa–. Hada madrina, ¡tienes que hacer algo!

El hada se quedó pensativa un momento. Luego exclamó:

–¡Ya sé! Pediré prestada la manzana de Blancanieves. La morderás y caerás como dormida. Contrataremos a los siete enanos: ellos te fabricarán un precioso ataúd de cristal para que te encuentre el príncipe.

–¡Nooo! –protestó la princesa–. ¡Yo no quiero al príncipe de Blancanieves, ella se pondría celosa! Yo quiero a mi propio príncipe. ¡Este es MI cuento! –sollozaba.

–Podríamos cambiarle el nombre… –meditó el hada–. Ponerle… “La Bella Insomne del Bosque”… Pero significaría mucho trabajo extra –recapacitó–. Habría que irse al siglo dieciocho y cambiar el texto original, contratar otras seis hadas madrinas, una bruja especial, ¡el sindicato de brujas protestaría por las horas extras! Y con la inflación –terminó diciendo el hada– el costo sería prohibitivo.

–¡Además –clamó la princesa– los niños me conocen como la Bella Durmiente y no es justo que me cambies el nombre! ¡Ay, madrina! ¿Qué voy a hacer durante cien años despierta y sola?

–Podrías escribir un libro de soledad… –sugirió el aya.

–¡Ya está escrito! –exclamó la pobre Bella Despierta, y se echó a llorar.

Los niños escucharon su llanto.

Los niños solos oyeron los sollozos de aquella pobre muchacha y decidieron ayudarla.

Vinieron de todas partes y le contaron cuentos para entretener su vigilia.

Cada niño y cada niña inventó un cuento sobre el insomnio de la Bella Durmiente. ¡Hay tanto que hacer en cien años!: cosas útiles y bellas, juegos y viajes, libros, fantasías y realidades.

La Bella Durmiente jugó con los niños y los cien años se le pasaron en un suspiro.

Cuando, al fin, llegó el príncipe, se sorprendió de encontrarla despierta y fresca como una niña. ¡Hasta el aya se había conservado fresca!

El palacio despertó, como en el cuento original, y las bodas del príncipe y la princesa se celebraron con gran pompa y alegría. Ninguno de los dormidos supo nunca del insomnio de la Bella Durmiente.

Pero tú sí sabes el secreto y, cuando quieras, puedes inventar un cuento para consolar a la Bella Durmiente cuando no pueda dormir.


FIN


© Rocío Sanz


Ilustración: ©Ana Burgos Baena (Anuki)
https://elzeppelindeana.com/
http://anazeppelin.blogspot.com/2009/02/el-insomnio-de-la-bella-durmiente-y-la.html

Libro: El insomnio del la Bella Durmiente.
Autor: Rocío Sanz; ilustraciones, Álvaro Borrasé.
Editorial Costa Rica, 1986.
Rocío Sánz, escritora y compositora, es una de las figuras más significativas de la literatura infantil de Costa Rica. Nació en San José, en 1934, y falleció en México, en 1993.
Publicó los libros para niños; El cuento vacío/La palabra descontenta (1985); El insomnio de la Bella Durmiente (1985) y Cuentos descontentos (1987).

Visto y leído en:

Fundación Cuatro Gatos
http://www.cuatrogatos.org/show.php?item=118

Cuento» La bella rugiente, de Adela Basch y Luciana Murzi

Hubo una vez una reina y un rey a los que la gente quería mucho.
Y también era mucho lo que la gente sufría al ver que la reina y el rey deseaban tener hijos y no podían.

Hasta que finalmente un día ocurrió lo que todo el reino esperaba. La noticia corrió de boca en boca y de corazón a corazón. ¡Acababa de nacer una pequeña princesa!


Y para celebrarlo hubo en el reino de nuestro cuento una gran fiesta. La reina y el rey, que estaban contentísimos con el nacimiento de su hija, invitaron a todos sus amigos del reino y de los países vecinos.

También invitaron a todas las hadas que conocían, que eran siete, para que fueran las madrinas de la recién nacida. Porque en esos tiempos las hadas acostumbraban dar un don a cada niña y a cada niño que nacían. Es muy posible que eso siga ocurriendo hasta el día de hoy, aunque haya muchas personas que dejaron de creer en la existencia de las hadas.

Pero la reina y el rey, tan entusiasmados que estaban con su princesita y con la fiesta, cometieron un grave error. Gravísimo. Un error terrible. Espantoso. Un error que todos lamentarían mucho con lamentaciones tremendas. Bueno, en realidad lo que cometieron no fue un error. Fue un olvido. Y ellos no tuvieron la culpa.

Esto fue lo que pasó: cuando los músicos comenzaban a llenar los salones del palacio de sonidos maravillosos y los platos se llenaban de manjares sabrosísimos y los vasos se llenaban de bebidas deliciosas y todas las caras se llenaban de sonrisas alegres, entró un hada llena de maldad y el aire se llenó de sus feroces gritos.

—¿Se puede saber por qué a mí no me invitaron?

Por un momento todos se quedaron sorprendidos y paralizados al oír esas palabras. Por fin la reina reaccionó y, horrorizada ante la inesperada visitante, respondió:

—Porque durante los últimos treinta años no hay nadie que se haya encontrado con usted, ni que la haya visto ni que tuviera noticias suyas.

—Y, además, porque todos creíamos que se había mudado o ido de viaje por el mundo. Nadie sabía que estaba acá —agregó el rey.

—¡Yo tengo derecho a estar en esta fiesta aunque no me hayan invitado!

—Yo no sé si usted tiene derecho o tiene torcido, pero, por favor, dígame cómo quería que la invitáramos si no sabíamos dónde estaba —exclamó la reina con indignación.

—¡Eso no es asunto mío! ¡Ustedes no me invitaron y se terminó! Y ahora, si me permiten, creo que en esta fiesta hay músicos demasiado buenos y manjares demasiado exquisitos para que sigamos discutiendo. Sugiero que disfrutemos de este momento —dijo el hada malvada y se abalanzó sobre los platos de comida y las jarras de bebida y durante un largo rato se dedicó solo a llenarse el estómago.

Justo cuando empezaba a sentir que ya no le cabía ni una miga de pan, vio que todas las otras hadas se acercaban a la cuna donde sonreía la pequeña princesa y comenzaban a darle sus dones. Entonces, ella se ubicó en el último lugar.

Una tras otra, las hadas le fueron diciendo frases muy agradables como: “Serás muy inteligente”, “Tendrás muchísimos amigos y amigas”, “Tendrás fuerza de voluntad para lograr lo que te propongas”, “Tu corazón estará colmado de bondad”, “La felicidad te acompañará toda la vida”. Hasta que llegó el turno del hada malvada. Y esto fue lo que dijo:

—Cuando la princesa esté creciendo y vaya camino de dejar de ser adolescente para convertirse en mujer, se pinchará con una aguja de coser y morirá.


Después, largó unas grandes risotadas y se fue, mientras todos volvían a quedar sorprendidos y paralizados por el temor. Bueno, en realidad no todos. Porque la pequeña princesa, que por cierto era muy bella, como lo son todos los bebés, se irguió en su cuna. Y aunque era casi una recién nacida, rugió con todas sus fuerzas, que eran muy grandes: “Grrrrr grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”.

Nuevamente, todos se sorprendieron y se paralizaron. No, todos no. Hubo un hada petisa y regordeta que desde el fondo del salón dijo tímidamente:

—Disculpen, pero una de mis habilidades mágicas es saber interpretar rugidos. Pero no sé si voy a poder repetir lo que acaba de decir la niña...

—¡Por favor, señora hada, traduzca las palabras de nuestra hija! —le rogaron el rey y la reina.

—Ehhh... bueno... Acaba de decir ni más ni menos lo siguiente: “¿Pero quién te creés que sos?”.

La niña siguió rugiendo, y el hada siguió traduciendo para el resto de los presentes.

—Grgrgrgrgrrrrrrrrrrrrrrr grgr gggrrrgrr gr.

—Ahora la princesa dice: “Escuchen bien todos. Por un tiempo no hay nada que temer. Van a pasar unos cuantos años hasta que yo esté en camino de dejar de ser adolescente. Por ahora soy solamente un bebé. Así que tranquilícense, disfruten de esta maravillosa fiesta y vivan en paz”.

Aunque toda la gente, incluidos la reina y el rey, estaban un poco confundidos por el idioma en el que hablaba la niña y también un poco mareados por las traducciones del hada, lograron serenarse y la fiesta continuó.

Y hasta que aprendió a hablar como lo hace cualquier chica o chico, la princesa continuó comunicándose en el idioma de los rugidos, sobre todo cada vez que pasaba cerca de alguien que estuviera cosiendo o cuando veía una aguja. Pero, lamentablemente, nadie entendía lo que decía porque el hada que sabía comprender qué significaba “grrr” y qué cosa “grgrgrggrg” no había aceptado vivir en el palacio ya que tenía otras muchas obligaciones mágicas que cumplir por el mundo.

Lo curioso fue que los rugidos nunca abandonaron a la princesa. Aprendió a hablar, sí, pero lo hacía en un volumen tan alto pero tan alto que sus palabras seguían sonando como rugidos furiosos. Fuera de eso, su vida de niña fue muy parecida a la de los otros niños que vivían en el mismo reino. Y lo mismo sucedió con los primeros años de su adolescencia.

Pero un día, cuando esta etapa de su vida iba llegando a su fin y todos parecían haber olvidado la amenaza del hada malvada, la princesa gritó:

—¡Quiero que ya mismo venga alguien que sepa mucho de ciencias y de inventos y que tenga una gran sabiduría!

Como su rugido había sido tan fuerte, se había escuchado en todo el reino y también en los países vecinos. Por eso inmediatamente se presentó una mujer con aspecto de científica, de sabia y de inventora.


En cuanto la princesa la vio, percibió que la mujer era exactamente lo que parecía ser.

—Por favor —exclamó con un rugido que a pesar de ser un rugido era amable y cortés—, necesito una vacuna contra pinchaduras de aguja.

—Pero… eso es algo que no existe, querida princesa.

—Ya lo sé. Si existiera, no la habría llamado. Pero hay muchas cosas que no existen hasta que alguien las inventa.


—Está bien, querida, ya entendí —dijo la mujer con aspecto de científica, de sabia y de inventora, que tenía una mente más rápida que un relámpago. Y después de despedirse, se marchó.

Una semana después, la mujer volvió al palacio. Traía un frasco en la mano y se dirigió a la princesa:

—Bébete todo el contenido antes del almuerzo. Es una vacuna contra pinchaduras de aguja. De aquí en adelante ninguna pinchadura podrá hacerte daño.

La princesa le agradeció y le dio un abrazo. La reina y el rey la saludaron con una reverencia y le aseguraron que recibiría una merecida recompensa.

Todo el reino suspiró aliviado y la gente se fue olvidando del hada malvada. Incluso la princesa, para demostrar la efectividad de la vacuna, dedicó todas sus tardes a la costura y al bordado. Se pinchó una y mil veces sin sufrir ninguna maldición, salvo algunos dolores que la joven acompañaba con rugidos atronadores.

Un tiempo después llegó al reino un joven que enseguida llamó la atención de todos. Recorría las calles preguntando en voz alta: “¿Dónde está?, ¿dónde está?, ¿dónde está?”. Como nadie sabía qué estaba buscando, nadie le respondía y se pasó varios días caminando de un lado a otro y preguntando lo mismo.


Hasta que llegó al palacio, entró a los jardines y encontró a una muchacha a la que, por supuesto, preguntó:

—¿Dónde está?

—¿Dónde está quién? —preguntó a su vez la muchacha, que no era otra que la princesa.

—Soy un príncipe y se supone que vengo a despertar a una bella princesa que parece muerta desde hace años pero que va a revivir con mi beso.

—Ah, soy yo —dijo la princesa.

—Pero se supone que un hada malvada te hechizó y te pinchaste con una aguja y te quedaste como muerta y todo el mundo está esperando que yo llegue para despertarte de un sueño de años.

Entonces la princesa soltó un rugido tan poderoso que no solo atravesó los oídos del príncipe sino los de todos los habitantes del reino y de varios países vecinos.

—¿Vos te creés que iba a esperarte sentada? ¿Y si no venías? ¿Y si te perdías? ¿Y si te morías antes de encontrarme? Yo no iba a dejar que mi vida dependiera de algo tan incierto.

—Bueno, esteeee, pero... —dijo él, intentando armar una frase sensata.

—Además, yo coso, bordo, hilvano y tejo. Me pincho cuando quiero y no me muero ni un poco. También duermo siestas y me despierto cuando se me da la gana.

—¿Y ahora qué hago? —murmuró el príncipe con un hilo de voz—. Yo tenía una misión para cumplir.

—¿Qué ibas a hacer para salvarme? —preguntó la princesa con una sonrisa.

—Te iba a dar un beso que te haría revivir.

—Entonces, en realidad, esa era tu misión: darme un beso. ¿Y por qué no me lo das ahora?

—¡Qué buena idea! —respondió el joven mientras la princesa y él se acercaban cada vez más.



El final de este cuento no necesita mucho más. A nadie le resultará muy difícil imaginar que al poco tiempo se celebró un casamiento. Del hada malvada nunca se volvió a saber, pero eso no tiene la menor importancia.




FIN



LA BELLA RUGIENTE
Autoras: BASCH, ADELA / MURZI, LUCIANA
Ilustración: AIMAR, GUSTAVO
Editorial: LONGSELLER


Los libros de Adela Basch y Luciana Murzi:
“La bella rugiente”, “El gato con botes”,
“Caperucita arroja” y “Blancalluvias y los siete gigantotes”

Serie Primeros Lectores. Longseller Educación
https://www.facebook.com/longseller.educacion/


Visto y leído en:

Alas de papel 2 - Guía día por día © Longseller, 2016.
https://es.scribd.com/document/311282563/alas-de-papel-2
https://studylib.es/doc/8279833/guia-diaxdia-alas-de-papel-2---visado.indd-1-20-10

Ilustraciones: Gustavo Aimar
http://mimesa.blogspot.com/
https://www.flickr.com/photos/ilustraaimar/
https://aimargus.wixsite.com/gustavoaimar/libros


“La lectura abre las puertas del mundo que te atreves a imaginar"

"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría: Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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